Las cosas con él van de mal en peor. Su salud nos hizo romper, eso y la idea de que separados estamos mucho mejor, que así se van a solucionar todos los males. Pero esa decisión, que él tomó unilateralmente, a mí no me convence. Y lo sabía.
Le dije muchas veces que no seríamos felices si no estábamos juntos porque no es bueno que dos personas que se aman tanto estén separadas. No me hizo caso y, a medida que pasa el tiempo, veo que era yo la que estaba equivocada. Ese sufrimiento que preveía era mío y sólo mío porque él, a pesar de que me dice que para él no es sencillo, no se siente como me siento yo.
Me dejó sola cuando más le necesitaba, cargando con mis problemas y los suyos, desesperada por mi vida y por la suya. Y cuando las cosas parecía que se iban arreglando para nosotros tomó esa terrible decisión y no pude más que aceptarla. ¿Qué otra cosa podía hacer?. Si él ya ha decidido todo lo que yo diga a partir de ahora está de más.
Los días pasan y yo hago lo que puedo. Quisiera recuperarle y ni tan siquiera puedo pedirle que vuelva conmigo porque temo oír un no de sus labios. Y eso, me guste o no, es lo que me dirá.
Me retiró sus besos, me retiró cada palabra de amor que me decía e incluso me privó de la esperanza.
Después de muchas lágrimas ya no me queda ni eso. ¿Qué puedo esperar de él?. ¿Qué de una relación con alguien que se niega a volver, que me ve como el origen de sus problemas?.
No es tu culpa, me decía, pero a la vez todo su entorno me veía a mí como la causante de sus males. Y esa presión a la que le han sometido nos ha separado. Eso en apariencia porque, llegados a este punto yo ya no sé si de verdad ha sido el miedo a la presión, al compromiso o la falta de amor.
Me jura que siempre me amó, que aún me ama, pero he sufrido tanto que no puedo dejar de dudar. Ya ni en eso puedo creer.
Lloro, me desespero y me digo a mí misma que si ese amor fuera tan fuerte hubiera luchado para estar conmigo en lugar de dejarse vencer.
Y ahora le veo más feliz, abriéndose de nuevo al mundo, sin que se le note esa tristeza por perderme o por no tenerme. Y pienso qué clase de hombre es que jura amor eterno y al cabo de unos días renuncia a él y sigue viviendo como si nada.
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